December 14, 2017
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Me titulé en dejar todo para la última hora

Bien decía mi abuela que siempre dejó todo a última hora y que ‘nomás’ no aprendo. Cuánta razón tenía. Desde que tengo memoria siempre me ha gustado dejar todo para el final, quizá soy un amante del sufrimiento o sólo disfruto de la adrenalina que provoca tener que conseguir o hacer algo un día antes u horas antes, que eso es peor. Kinder, primaria, secundaria y preparatoria lo hice. A veces creo que el meme de la cartulina fue inspirado en mí. Los domingos me despertaba de golpe y diciendo: “¡La cartulina!”, la cual era para el lunes y ya no había papelerías abiertas, sólo quedaba rezar que de camino a la escuela me encontrara con una que ya estuviera vendiendo.

Después de tantos años sufriendo con este problema, creí que en la Universidad cambiaría, que quizá maduraría, pero todo siguió igual o peor. Ni siquiera el día que tenía que entregar mi tesis evité estar apresurado y casi pierdo la oportunidad de que fuera aceptada. Resulta que tenía que entregar mi trabajo cierto día, el cual se me borró de la mente y como si tuviera un dejavú, me desperté en la madrugada de ese día gritando: “¡La tesis!”. En lugar de despertarme, volví a quedarme dormido, no sé por qué, quizá creí que fue un sueño y al amanecer me desperté exaltado, pensando en que no había impreso mi trabajo de titulación. Así que volando fui a mi computadora y la encendí, abrí mi trabajo y lo mande a mi toner brother para que saliera cuanto antes, pues sólo me quedaban algunas horas para registrarlo, de lo contrario tendría que esperar varios meses más para volver a hacer el papeleo y casi un año para poderla entregar de nueva cuenta. Las hojas no salían a la velocidad habitual, estaba lenta mi máquina y yo comencé a sudar, mi corazón latía cada vez más rápido y me enfurecía con el sonido de la impresora.

Después de casi dos horas por fin se imprimieron las 550 páginas de mi tesis, entonces la tomé, le di una revisada ‘flash’ y corrí a cambiarme, no me importaba bañarme, sólo quería llegar a la universidad y entregar mi trabajo. Me fui en transporte público y el tráfico estaba insoportable, había calles por las que no avanzábamos, así que me bajé del camión y tomé el metro, mala decisión. Había una falla y la marcha era lenta, por lo que después de tres estaciones me bajé. Pensé en tomar un taxi pero resultaría lo mismo que el camión, así que corrí como nunca antes en la vida. Llegué cinco minutos antes de que cerraran las inscripciones, incluso la secretaria tuvo que reencender su computadora, pues ya estaba a punto de irse. Le agradecí sobre manera y me inscribió. Tras lograr el objetivo y apestar a sudor, prometí que jamás me volvería a pasar algo así, pero no lo cumplí.

Ayer fue mi examen profesional, era a las siete de la noche y al cuarto para las siete apenas estaba saliendo de mi casa, gracias a que mi madre me llamó diciéndome que ya me estaban esperando en el auditorio de la universidad lo recordé. Otra vez sin bañarme, sólo me puse un traje, una camisa arrugada y sin corbata y me fui a la universidad en Uber. De verdad que no aprendo.

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